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Si bien resulta ideal contar con un lugar luminoso y acondicionado
con sillas, mesas, ficheros y almohadones, también es cierto
que la biblioteca, como espacio de encuentro con los libros, se
puede construir más allá de las posibilidades edilicias
concretas con que cuenta cada institución. En este sentido,
son reveladoras muchas experiencias en las que la biblioteca llega
a sus potenciales lectores por medio de arcones, cajas
viajeras o canastos con libros para instalarse en sitios no convencionales.
Una sala de espera, un centro asistencial, un parque o un vagón
de ferrocarril pueden ser el lugar perfecto donde alguien que
no tocaría a las puertas de una biblioteca, se encuentre
con un libro.
Día tras día se consolida la consulta de material
bibliográfico a través de Internet. Este medio vuelve
accesibles las bibliotecas más importantes del mundo para
millones de personas, pero no tiene como objetivo la formación
de lectores, tarea que, por su compromiso con la subjetividad,
seguirá estando en manos de padres, maestros y bibliotecarios.
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