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Aunque se asocie con imágenes de soledad y quietud, la
lectura es una actividad eminentemente social. Detrás de
cada lector hay una trama de relaciones sociales que hicieron
que ese libro llegara a sus manos: el regalo de un amigo, la elección
de un docente, la recomendación de un compañero
y, por supuesto, la intervención de un bibliotecario que
orientó la elección.
Por todo esto, el rol del bibliotecario resulta importantísimo
como mediador entre los libros y los chicos. Invitar con pasión
a la lectura siempre será mejor que los mandatos, los sermones
o cualquier slogan. No olvidemos que los chicos tienden a imitar
todo aquello que hacen los adultos a quienes admiran y quieren.
En este sentido, algunas de nuestras actitudes pueden ser clave
para despertar el deseo de leer:
.Afición a la lectura.
.Entusiasmo por comunicar esta afición.
.Capacidad para observar las reacciones de los lectores ante los
diversos tipos de textos.
.Curiosidad por conocer los gustos y las preferencias de los lectores
a través del diálogo.
.Interés por la literatura infantil y juvenil y cuanto
contribuya a enriquecer su difusión.]
.Tratamiento individual y grupal del itinerario de lecturas.
.Disposición para leer, narrar, comentar y recomendar libros.
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